
Los vitrales medievales no solo son arte: son auténticas obras químicas que transformaron la luz en un espectáculo de colores. Durante siglos, las catedrales europeas se llenaron de ventanas que narraban historias bíblicas y sociales, pero detrás de esa belleza hay un proceso químico fascinante.
Breve historia
Los vitrales se popularizaron en la Edad Media, especialmente entre los siglos XII y XV. La técnica se perfeccionó en Francia e Inglaterra, donde los artesanos mezclaban arena de sílice, fundentes y óxidos metálicos para crear colores intensos. Cada color tenía un significado simbólico y espiritual, pero también una base química precisa.
El secreto de los colores
Los colores de los vitrales provienen de la incorporación de metales y óxidos durante la fusión del vidrio:
- Azul cobalto → óxido de cobalto.
- Verde → óxido de cobre.
- Rojo rubí → partículas de oro coloidal.
- Amarillo → compuestos de plata.
- Púrpura → manganeso.
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