En el mundo de la química (y también en la cocina), solemos usar las palabras «disolver» y «diluir» como si fueran sinónimos. Sin embargo, aunque ambas ocurren dentro de un vaso de precipitados o una jarra de jugo, representan procesos distintos.
Si quieres hablar como un experto, aquí te dejamos la diferencia clave:
Disolver es el proceso de mezclar un soluto (generalmente un sólido) en un solvente (líquido) para formar una solución homogénea.
El proceso: Las moléculas del líquido rodean a las del sólido hasta que este «desaparece» a la vista.
Ejemplo clásico: Cuando agregas una cucharada de sal en un vaso de agua y remueves. Estás disolviendo la sal.
Diluir ocurre cuando ya tienes una solución lista, pero quieres que sea menos concentrada. Para lograrlo, simplemente añades más solvente.
El proceso: No estás agregando más «ingrediente activo», solo estás aumentando el volumen del líquido para que las partículas del soluto estén más separadas.
Ejemplo clásico: Si preparaste un café que quedó demasiado fuerte (muy concentrado) y le agregas un poco de agua caliente para suavizarlo. Estás diluyendo el café.
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