Si visitas un laboratorio de química, verás un objeto que parece una bombilla de goma roja unida a un tubo de vidrio. Se llama Propipeta (o pera de tres vías), y es probablemente el invento que más ha mejorado la calidad de vida de un científico.
Aunque parezca increíble, hasta mediados del siglo XX, los químicos pipeteaban con la boca. Para medir 10 ml de ácido sulfúrico, ponían el extremo de la pipeta en sus labios y succionaban como si fuera un pitillo (pajita/popote) confiando en su reflejo para detenerse antes de que el líquido llegara a la boca. Obviamente, esto terminaba en quemaduras, intoxicaciones y sabores horribles que activarían el reflejo nauseoso de cualquiera.
La propipeta eliminó este riesgo. Su diseño es una joya de la ingeniería mecánica simple basada en el vacío. Funciona mediante tres válvulas de bola que controlas con los dedos:
Es el aparato perfecto: es silencioso, evita que te acerques a los olores fuertes de los reactivos y mantiene una distancia segura entre tus sentidos y las sustancias químicas. ¡Un verdadero aliado del laboratorio limpio!
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